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Distorsiones cognitivas y emociones

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Como se desprende de lo que desarrollamos en la entrada anterior La estructura cognitiva de las emociones, nuestra experiencia pasada es la fuente más determinante de nuestros comportamientos ya que es en nuestra experiencia donde construimos los juicios que valoran los sucesos a los que nos enfrentamos.

Lamentablemente, estas experiencias anteriores suelen acarrear pensamientos negativos que condicionan nuestro ánimo y acciones.

Normalmente no somos lo suficientemente conscientes en cómo nuestros pensamientos negativos están detrás de nuestros sufrimientos y preocupaciones. Sin que lo percibamos nos afectan más, mucho más, que la realidad misma.

Estamos influenciados en el día a día por slogans negativos sobre la vida, sobre nosotros mismos, sobre los otros y sobre nuestras circunstancias.

En palabras del Dr. Ellis, “Sentimos nuestros pensamientos. No sólo los pensamos.”

Hay pensamientos que se nos presentan más como sensaciones que como razonamientos. Son los pensamientos que llamamos pensamientos emotivos o emocionales.

De hecho, percibimos a muchos pensamientos emocionales como si fueran un conjunto unitario sin darnos cuenta que vienen macerados en un cóctel de emociones, por ejemplo, el odio, la vergüenza, la humillación son un claro exponente de lo que manifestamos.

Si adoptamos una actitud menos pasiva frente a estos pensamientos emocionales, podríamos modificarlos para que repercutan de una manera positiva en nuestra vida. Es importante reconocer que este tipo de pensamientos son aprendidos, es decir no innatos, por lo que podemos transformarlos.

Podemos enumerar alguno de estos pensamientos negativos que deberíamos transformar:

  • Yo no soy bueno para esto.
  • Eso no es para mí.
  • Soy una persona que no termina las cosas.
  • No sé elegir.
  • No tengo suerte con las mujeres.
  • No tengo suerte con los hombres.
  • No tengo suerte.
  • Estudiar no es para mí.
  • Mi vida es un desastre.

Este tipo de pensamientos negativos son lo que denominamos distorsiones cognitivas. Y las llamamos así porque son interpretaciones que hacemos de la realidad. Son juicios que hacemos de nuestra historia.

Otro claro ejemplo de distorsiones cognitivas son los rumores, los chismes, el desmedido interés que le damos a las noticias negativas. Estas nos afectan sin siquiera aportar pruebas de lo que manifiestan y, lo que es peor, nuestra interpretación de los hechos ni siquiera les reclama dichas pruebas aceptando esas manifestaciones con toda la carga de negatividad que traen aparejadas.

Por ejemplo, si contamos a alguien que un “amigo en común está muy feliz en su nuevo trabajo”, es probable que obtengamos respuestas del tipo ¡qué bien! o poco más.

El caso de contar que nuestro “amigo en común fue despedido de su trabajo por ineptitud e irresponsabilidad”, dará lugar a largos intercambios de información de dudosa fuente salpicada con la emisión de diversos juicios propios y ajenos.

En resumen: estamos más preparados para lo negativo. El Dr. Ellis llama a esto un ejemplo de “analfabetismo social-emotivo”

Este analfabetismo del que nos habla el Dr. Ellis nos produce “malestar” y se contrapone con el objetivo de conseguir el “bienestar”.

Un factor que colabora a disminuir nuestro bienestar es la interpretación del otro sin una actitud empática. La empatía es lo que nos posibilita el tener una doble mirada de los hechos porque nos permite meternos en los zapatos del otro y vislumbrar algo de su perspectiva.

En otras palabras, debido a nuestras creencias e interpretaciones, no actuamos por lo que nos sucede, sino por cómo interpretamos lo que nos sucede.

Nos debe quedar claro que nuestras actitudes negativas irracionales, provocan respuestas que retroalimentan el ciclo, una y otra vez, hasta enfermarnos y conformar verdaderos estilos de respuestas en nosotros, que naturalizamos, hasta dejar de reconocer cómo es que los hemos aprendido.

Pero dado que no podemos cambiar los hechos ya sean estos buenos o malos debemos ser conscientes que si podemos cambiar lo que pensamos sobre ellos. Podemos revisar y cuestionar nuestras creencias de forma tal que dejemos de lado una interpretación negativa sobre un determinado hecho.

Estas distorsiones cognitivas fueron enumeradas por el Dr. Ellis generando un marco clave para empezar a cuestionar o debatir situaciones cotidianas para trabajar en la búsqueda de pensamientos racionales que se opongan a la interpretación negativa irracional.

Veamos la lista en cuestión:

  • Pensamiento todo-o-nada

Interpretar los eventos y personas en términos absolutos, evidenciado en el uso de términos como “siempre”, “nunca” o “todos” cuando su uso no está justificado por los acontecimientos propiamente.

  • Sobregeneralización

Tomar casos aislados y generalizar su validez para todo.

  • Filtro mental (también llamado Abstracción selectiva)

Enfocarse exclusivamente en ciertos aspectos, usualmente negativos y perturbadores, de un evento o persona con exclusión de otras características.

  • Descalificar lo positivo

Continuamente echar abajo experiencias positivas, por razones arbitrarias.

  • Saltar a conclusiones

Asumir algo negativo cuando no hay apoyo empírico para ello.

Dos subtipos han sido identificados:

  • Lectura de pensamiento - Presuponer las intenciones de otros.
  • Adivinación - Predecir o ―profetizar‖ el resultado de eventos antes de que sucedan.

 

  • Magnificación y Minimización

Subestimar y sobreestimar la manera de ser de eventos o personas.

Un subtipo identificado es la “catastrofización”:

  • Catastrofización

Imaginarse y rumiar acerca del peor resultado posible, sin importar lo improbable de su ocurrencia, o pensar que la situación es insoportable o imposible, cuando en realidad es incómoda (o muy incómoda) o inconveniente (esta se relaciona con la PTF o poca tolerancia a la frustración, cuya importancia psicopatológica ha sido ampliamente investigada por el Dr. Ellis).

  • Razonamiento emocional

Formular argumentos basados en cómo se ―siente‖ en lugar de la realidad objetiva.

  • Debeísmo

Concentrarse en lo que uno piensa que “debería ser” en lugar ver las cosas como son, y tener reglas rígidas que se piensa que deberían aplicarse sin importar el contexto situacional

  • Etiquetado

Relacionada con la sobre generalización, consiste en asignar un nombre a algo en vez de describir la conducta observada objetivamente. La etiqueta asignada por lo común es en términos absolutos, inalterables o bien con fuertes connotaciones prejuiciosas.

  • Personalización

También conocida como falsa atribución, consiste en asumir que uno mismo u otros han causado cosas directamente, cuando muy posiblemente no haya sido el caso en realidad. Cuando se aplica a uno mismo puede producir ansiedad y culpa, y aplicado a otros produce enojo exacerbado y ansiedad de persecución

Para terminar me gustaría destacar el hecho de que nuestro trabajo es una fuente permanente de reflexión, no sólo hacia las situaciones en las cuales tenemos compromiso profesional, sino hacia la vida en general.

 

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