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Blog de Coaching y Consultoría PsicológicaDiego Grispo

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La estructura cognitiva de las emociones

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Es consensuado por los investigadores que con la aparición y desarrollo del neo córtex, los procesos cognitivos entran a formar parte importante de la elaboración de las emociones, lo que conocemos como "procesamiento de información". Y es de  una importancia tal que esos procesos cognitivos prácticamente determinan nuestras emociones.

Más aún, las más modernas investigaciones han ido otorgando progresivamente un papel de mayor relevancia a los procesos cognitivos sobre las emociones que el simple etiquetado de una reacción fisiológica, destacando incluso que lo verdaderamente necesario para que se produzca una emoción son los procesos cognoscitivos implicados

Es desde esta aproximación que planteamos que nuestras cogniciones (creencias y pensamientos) y nuestras estructuras cognitivas (patrones actitudinales, estilos y categorías de pensamientos y creencias) condicionan nuestras emociones.

El modo en que nuestras creencias y estilos de pensamientos, en función de cómo percibimos una situación y en función de la información que tenemos aprendida sobre la situación, condicionan nuestro estado de ánimo y nuestra reacción emocional frente a una experiencia.

Teniendo en claro esto, podemos decir que la emoción es una reacción afectiva a un objeto o suceso, pero señalando que no es el objeto o suceso lo que determina el atractivo o la repulsión, sino la interpretación (totalmente subjetiva) que hacemos nosotros de las características del objeto o suceso. Evidentemente, estas interpretación está sujeta a las estructuras cognitivas preexistentes en nosotros.

Le debemos al profesor Klaus Scherer un completo estudio sobre cómo son evaluados los estímulos que desencadenan las emociones. Según este investigador, los estímulos internos o externos se evalúan jerárquica y organizadamente en la siguiente serie de pasos:

  1. Novedad del estímulo (se valora en un primer momento la peligrosidad del evento);
  2. Dimensión placer-displacer;
  3. Valoración sobre la necesidad u objetivo a perseguir;
  4. Capacidad de los recursos propios y las consecuencias que pueda sufrir el organismo
  5. Compatibilidad con las normas sociales o morales del propio individuo.

Como vemos, la emoción está ligada completamente a procesos de valoraciones subjetivas. Es decir, las emociones están determinadas por procesos de valoración personal de la relevancia que tiene los objetos o situaciones de nuestra experiencia.

Por tal motivo no podemos separar el análisis de la emociones, del análisis de los procesos cognitivos de valoración (sistemas de creencias, de pensamientos y actitudes) subjetivos que entran en juego en nuestras reacciones emocionales personales (diferenciadas).

Estos procesos de valoración se desarrollan como interpretaciones subjetivas de una situación o de un objeto.

Por lo tanto, decimos que, cuando reaccionamos emocionalmente, siempre estamos de una u otra manera actuando en consecuencia al modo en que evaluamos la situación.

Es por esta razón que para trabajar con las emociones, debemos trabajar simultáneamente sobre nuestros pensamientos y creencias.

Podemos arriesgar entonces que la función principal de las emociones, debido a su proceso de valoración, es la ADAPTACIÓN.

El modo en que afrontamos una situación, está determinado por los usos adaptativos de la valoración.

Es decir, que si bien nuestra conducta emocional pasa a ser un proceso cognitivamente organizado y adaptativo, los diversos modos en que organizamos nuestras emociones  pueden conducir a las más variadas reacciones emocionales.

Basándonos entonces en el modelo cognitivo de valoraciones subjetivas en la conformación de reacciones emocionales, entendidas también como conductas de adaptación, podemos acercarnos de mejor manera a comprender las diferentes reacciones emotivas que están relacionadas con procesos clínicos tales como la depresión, la manía, o incluso fenómenos como la alucinación en la esquizofrenia, y de las cuales depende tanto la enfermedad como las posibilidades del tratamiento.

Como conclusión de esta entrada me gustaría mencionar la relevancia que adquirió en la actualidad la divulgación del concepto de "Inteligencia Emocional", iniciado ya en los años 90. Este concepto enfatiza la unión y complementación funcional entre los procesos afectivos y cognitivos, y se puede definir como la capacidad de percibir, regular, comprender y usar la información afectiva para mejorar el razonamiento y el desempeño social.

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