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Blog de Coaching y Consultoría PsicológicaDiego Grispo

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Trabajás o estudiás

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Recuerdo con una sonrisa la mítica pregunta con la que pretendíamos romper el hielo cuando conocíamos a una chica. Pregunta obligada casi siempre… como lo es el hecho actual de trabajar y estudiar conjuntamente.

Y no me refiero solo a la casi obligatoriedad contemporánea de compaginar los estudios con un trabajo por razones económicas.

Estoy hablando de que ya nos es imposible incorporarnos al mundo laboral sin tener que seguir estudiando. Y esto sucede en casi cualquier rama del saber humano.

Lo vertiginoso de los tiempos que corren y la exponencialidad de los cambios que ocurren (léase globalización, avances tecnológicos, etc.) nos hacen tener esa sensación permanente de “hay que seguir estudiando… nos estamos quedando atrás”.

Yo atribuyo esta sensación a la percepción de que está llegando el momento que nos indica que es necesario un cambio en el paradigma laboral.

Si bien todavía hay mucha gente que sigue pensando que al trabajo se lo puede aún dividir en dicotomías como, por ejemplo, los que aseguran que las opciones son “trabajo manual” vs “trabajo intelectual” o los partidarios de “trabajo rutinario” vs “trabajo creativo”, lo cierto es que la heterogeneidad en las tareas laborales es casi siempre la protagonista.

Por eso, ni lo uno ni lo otro. Ni tanto ni tan poco.

El nuevo paradigma laboral que nos propone el Dr. Echeverría desde el Coaching Ontológico , es el tomar conciencia de que nuestro trabajo se compone de 3 eslabones bien diferenciados e interconectados.

  • Las tareas individuales propias, inherentes a nuestro actividad.
  • Las tareas de coordinación de acciones.
  • Las tareas reflexivas de aprendizaje.

Independientemente de cual sea nuestro trabajo, creativo, rutinario, manual, no manual, etc., parece que todos podemos describir, más o menos con exactitud, qué es lo que hacemos.

Pero es en cuanto intentamos hacer una descripción de nuestras “tareas de coordinación” cuando nos damos cuenta de la poca atención que le prestamos a esta componente de nuestro trabajo.

Es aquí donde vemos nuestra debilidad en poder describir la productividad que tienen o no tienen nuestras conversaciones, en otras palabras, medir el grado de nuestra interacción con los otros integrantes de la compañía.

Pero casi con seguridad, de los  tres eslabones, son “las tareas reflexivas de aprendizaje” las menos comprendida por la empresa u organización de hoy.

Y no entender esta parte esencial de nuestro trabajo es muy peligroso debido a que es esta componente del trabajo actual la que nos enlaza con el futuro.

Esta componente es el que nos permitirá cambiar la forma de hacer las cosa. La que evita que nos estanquemos y entremos en cìrculos viciosos. Me explico.

Cuando estamos desempeñando nuestras tareas naturales nos concentramos en aplicar en el trabajo  todo lo que hemos estudiado y aprendido formalmente. Y no está mal. Pero también es importante organizar períodos de reflexión sobre lo que hacemos, de forma tal que estemos abiertos a la innovación, a la reingeniería de procesos y, en definitiva, a cualquier acción a desarrollar que nos permita evolucionar o adoptar cambios de forma natural en el ciclo de vida de la organización.

La figura del Coach es sumamente importante en este contexto.

Decía en Liderazgo y Coaching que “los líderes que hacen coaching son creadores de oportunidades”, agrego ahora que también son facilitadores para que esas oportunidades se desarrollen  acordes al nuevo paradigma laboral.

Joan Payeras Serra (Director del área de Desarrollo de las Organizaciones de Tea-Cegos) nos cuenta en su libro “Coaching y liderazgo: Para directivos interesados en incrementar sus resultados”, que se le pidió a un Director General de una empresa de servicios que calificara las actividades realizadas por cada uno de sus colaboradores con la siguiente consigna “tener en cuenta el valor que la actividad aporta al negocio” y con los siguientes baremos de calificación:Muy importantes, Importantes y Poco importantes.

El preocupante resultado descubierto fue que, para este Director General, el 27% de las actividades de los directivos aporta “poco valor a los resultados de la empresa”.

Sin lugar a dudas: para ponerse a pensar.

Yo creo que sería revelador proveer a este grupo de directivos (Director General incluído) de unas productivas y potentes conversaciones de coaching.

Si estás pasando en tu empresa por inquietudes similares… yo puedo ayudarte.

¡Saludos!

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