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Blog de Coaching y Consultoría PsicológicaDiego Grispo

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Lo implícito

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Es el filósofo Oswald Ducrot quien enuncia que “la lengua no es solamente una condición de la vida social sino un modo de vida social” poniendo de esta forma a la lengua en el eje de la creación de la vida social.

Así es como Ducrot nos muestra que

“el fenómeno de la presuposición hace aparecer, en el interior de la lengua, todo un dispositivo de convenciones y de leyes, que debe entenderse como un marco institucional que regula el debate de los individuos”.

Al hablar de la “presuposición” estamos hablando de que en todo enunciado pueda haber un contenido “implícito” en el discurso que es muy importante determinar el grado de comunicación entre individuos.

De alguna manera hay una doble utilidad en la parte “implícita” del discurso: expresar algo sin arriesgarse a ser considerado como responsable de haberlo dicho, pero también enunciar una idea sustrayéndola  a las eventuales objeciones.

Según Ducrot, la presuposición es una forma de lo implícito, “que permite decir una cosa haciendo como si no se la hubiera dicho”.

Como ejercicio pensemos en estas frases.

  1. Pedro sospecha que Juan va a venir
  2. Pedro se cree que Juan va a venir.

Lo presupuesto y lo expuesto forman parte del significado literal, pero lo implícito está en la lengua misma.

En el caso 1) “Pedro sospecha que Juan va a venir”, podemos decir que Pedro presupone que Juan va a venir reforzando implícitamente esa idea.

En caso 2) “Pedro se cree que Juan va a venir”, vemos que Pedro presupone que Juan no va a venir, reforzando implícitamente que la idea es la ausencia de Juan.

Ducrot de alguna forma nos explica que  el juego del lenguaje se vuelve redundante muchas veces para intentar ordenar lo expuesto y lo implícito para que el discurso se convierta más claro y fuera de toda duda.

Y nosotros nos volvemos redundante en el diálogo al darnos cuenta que lo expuesto y lo implícito puede dar lugar a confuciones.

Durante el diálogo somos totalmente consciente de que mientras exponemos literalmente también hay una carga implícita que a veces debe ser minimizada en pos de la claridad del discurso. Aquí apelamos a la redundancia.

Lo implícito tiene una carga realmente relevante en el par pregunta/respuesta.

El presupuesto de una pregunta se convierte en un elemento común a todas las respuestas,  dado que una pregunta no admite otras respuestas que las que conservan sus presupuestos.

La interrogación obliga al receptor a retomar los presupuestos de la pregunta, a responder dentro del marco que ellos imponen.

Por ejemplo, si pregunto ¿Por qué Europa está en decadencia? presupone que Europa está en decadencia. Y la respuesta estará dentro del marco de la decadencia. Podré negarla o reforzarla. Pero no puedo salir del corsé de la pregunta. A partir de allí la conversación tendrá un marco implícito que deberá respetarse.

Recordemos que en nuestras conversaciones hay una burbuja contextual que se respeta de forma inconsciente.

Es importante, entonces, cuando entramos en una conversación de terceros, averiguar lo antes posible sobre el contexto de la misma.

Arriesgar una opinión sin conocer el contexto puede traernos consecuencias no deseadas.

 

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