Ponemos un nombre

Poner un nombre

Poner un nombre

Una vez definida la situación actual significa que también hemos elaborado la narración que la describe.

Comenzaremos los diálogos tendentes a dar el primer paso.

Es normal que durante esos diálogos debamos referirnos a la situación de partida, por lo que es importante que podamos señalarla fácilmente.

Y lo mejor es darle un nombre.

No es un diagnóstico

En primer lugar, el diagnóstico, desde el punto de vista médico surge de un procedimiento sistemático y ordenado para reconocer, evaluar y valorar el estado de un paciente. 

Un diagnóstico implica la relación de un profesional de la salud con una persona aquejada por un problema y su valoración sobre tal problema. El diagnóstico, normalmente, determina el tratamiento.

Desde mi forma de ver, el diagnóstico lleva asociada una etiqueta que no contempla el peso del lenguaje. 

Me explico.

El peso del lenguaje

Si vemos una persona triste, con falta de ánimo, pecho hundido entre los hombros, etc. cualquier podría etiquetarla, en forma de diagnóstico coloquial, de «estar depresiva«, y la palabra «depresión» tiene peso. 

Un peso que varía, que es distinto, dependiendo de la experiencia previa de cada persona.

Por ejemplo, si alguien tiene una historia familiar de suicidios asociados a diagnósticos de depresión, tal palabra tendrá un peso mayor que para quien nunca tuvo un caso cercano de tal enfermedad.

No siendo un profesional de la salud no es correcto diagnosticar. Y punto. Esto no es discutible.

(Nota al margen: no voy a entrar aquí a discutir la cantidad de profesionales de la salud que han metido la pata diagnosticando mal…)

Así que no pongo etiquetas a los problemas de mis clientes. 

¿Y qué nombre usamos?

Con el fin de ordenarlos y poder hablar fácilmente de la situación inicial, los animo a que pongamos un nombre a ese punto de partida. Puede ser cualquier cosa, un nombre inventado, incluso: una palabra que no exista.

De esta forma, no hay posibilidades de pesos negativos ni positivos. 

No hay ambigüedades. No hay diferencias de interpretación. 

La descripción inicial del problema, la situación en la que el cliente se encuentra, el lugar de donde quiere salir tal cual lo ha narrado: ahora tiene un nombre. 

Nada mas ni nada menos.

Y nos alejaremos de ese lugar sesión a sesión.

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