Ansiedad o depresión

¿Cómo saber si es ansiedad o depresión?

¿Cómo diferenciamos cada trastorno? ¿Es el diagnóstico suficiente?

El tema del diagnóstico es un tema central en la medicina moderna y, por extensión, en la psicología y la psiquiatría actuales.

Por definición, el diagnóstico se basa en la exploración y evaluación de ciertos criterios que permiten diferenciar, clasificar, definir, catalogar, etc.

En general, en toda la ciencia médica, el diagnóstico es la base de las futuras actuaciones del profesional (pueden leer mi artículo sobre El diagnóstico).

Síntomas superpuestos

Los problemas surgen cuando los síntomas a evaluar aparecen en varios trastornos y se muestran entremezclados o, peor, cuando los trastornos comparten los mismos efectos.

Como dije, hacer el diagnóstico correcto determinará qué tipo de intervención se realizará sobre la persona y, en consecuencia,  parte del éxito de la misma.

En el caso de la Ansiedad (a los efectos prácticos no voy a distinguir entre todas su formas) y la Depresión (lo mismo digo aquí y por eso los anoto en mayúscula, para indicar que hablaremos de ellos en general), también es importante detectar cual apareció primero y si existe alguna relación del tipo flecha de predisposición entre ellos. 

Quiero decir, ¿El Trastorno de Ansiedad me predispone al Trastorno de Depresión?, ¿o viceversa?

Dado que los dos son trastornos del estado de ánimo, la diferenciación es realmente difícil debido al solapamiento de síntomas. Sabemos también que ambos comparten factores de afectividad negativa y somatizaciones similares, complicando aún más su diferenciación.

La discusión está instalada entre los estudiosos y no terminan de ponerse de acuerdo. Lo que significa que nadie está completamente satisfecho con el estado actual de la situación.

Clasificar y clasificar y clasificar

Parece evidente que el problema de diferenciar los trastornos radica en el contenido de los ítems que se utilizan para definir a cada uno de los criterios de evaluación. Aparecen repetidos.

Es un hecho: varios de los conceptos que se miden en uno y otro trastorno son similares o hasta idénticos, garantizando que la superposición esté asegurada.

Además, yo me he preguntado en reiteradas ocasiones si mucha de la confusión no se debe también a un tema terminológico. ¡Atención! No dije «toda la confusión», solo creo que «mucha» confusión es solo terminológica. O quizá no sea ni «mucha», pero alguna confusión terminológica es seguro que existe.

Conceptos como nerviosismo, preocupación, irritabilidad, agitación, inquietud, aprehensión, etc. son comúnmente usados al caracterizar ambos trastornos. Parece lógico que no podamos diferenciarlos.

Aunque nos hagamos más técnicos, afilemos  la definición y comencemos a hablar «más dificil». Pongamos por ejemplo: «manifestaciones cognitivas y emocionales similares», sospecho que siempre encontraremos formas parecidas en ambos trastornos.

A ver, los dos trastornos tienen componentes en el dominio emocional, cognitivo y corporal. Y los dos utilizan formas lingüísticas similares para expresarse. Luchar contra la ambigüedad parece ser una lucha sin posibilidad de triunfo.

En mi método de coaching, veo a la persona como un todo, un ser social que acarrea una historia y una cultura. 

Yo no hago diagnósticos. Y no puedo dar nada por sentado en lo que refiere a diagnósticos heredados. 

Prefiero poner un nombre al relato que hace la persona, independientemente de que lo que me cuenta sea definido como como ansiedad o depresión. Lo que me cuenta es lo importante y no el nombre con que se lo etiquete.

Si la persona me habla de miedo, hablamos de su miedo. 

Si la persona me habla de inquietud o preocupación, solo profundizaré en ¿a que se refiere cuando me habla de inquietud o preocupación? ¿Y qué significa esa inquietud? 

Su trastorno son las sensaciones que me cuenta y no el nombre que tenga. No le pongo un rótulo pre construido que, además, puede acarrear más preocupaciones o dudas.

Vamos a trabajar sobre lo que le inquieta o preocupa sin prejuicios. sin heredar más síntomas que los que me está contando.

Me concentro en los acontecimientos y narrativa que hace la persona mientras intento ver, por ejemplo:

  • cómo es su manera de pensar, 
  • cómo conceptualiza el problema que me cuenta, 
  • cómo se vincula con el problema, 
  • si el aprendizaje y experiencia que tuvo hasta este momento le acerca o le aleja del problema.

Eso es lo que me importa. Porque me importa el resultado.

Porque mi experiencia me dice que lo más probable es que la persona no necesita saber qué nombre formal tiene por lo que está pasando: simplemente busca resolverlo.

Si la inquietud o preocupación desapareció ¿qué más dá como se llamaba? ¿Ansiedad? ¿Depresión?

 ¡Lo importante es que no está más!

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